Promesas, emoción y por último
decepción. La tercera temporada de The Walking Dead finaliza dejando el listón
por los suelos. Esperaba mucho más de este final de temporada, y cuando acabé
de ver Welcome to the Tombs tuve que cerciorarme varias veces de que ese
capítulo era realmente el último de la temporada. Y es que tres días después de
haber sufrido ese mini paro cardíaco que me supuso semejante final de
temporada, necesitaba dejar constancia de mi opinión. Sin pretender ser
demasiado despiadado: no puedes crear una serie buena, prometedora, que te
obliga a engancharte a ella como si fuera una droga, y después convertirla en
un bodrio.
La tercera temporada vino pisando
fuerte. Tenía un formato más maduro, los mismos personajes habían madurado y se
enfrontaban a problemas más serios. Muy al principio, como si tuvieran prisa,
eliminaron a Lori, un personaje muy gastado que parecía clamar a gritos su
desaparición del elenco. Nadie protestó por su muerte, la cual no emocionó
realmente. Estaba demasiado claro que había durado demasiado.
Y las cosas fueron mejorando –
más promesas, más expectación hacia algo que nunca llegó a suceder. Woodbury
prometía, y mucho, al igual que la figura del Gobernador. Podría haber habido un
indicio de un trasfondo interesante en su persona, pero no, qué va. Y es que
los personajes que se han incorporado esta tercera temporada han estado
totalmente faltos de carisma, mal aprovechados y poco motivadores. En especial
Michonne, Tyresse y el Gobernador, que son la sombra de lo que podrían haber
sido. Es decir, lo único que hace Michonne desde que se une al grupo de Rick es
aparecer para lucirse un par de veces por capítulo repartiendo cuchillazos con
su katana. Y Tyresse ha tenido el protagonismo de una piedra. Es como si
quisieran darle especial importancia a este personaje pero solamente sale a
chupar cámara sin hacer nada interesante.
Y no es que los personajes
antiguos hayan estado mejor. Pasando por
la locura que no aporta nada de Rick hasta las inexplicables faltas de sensatez
de Andrea, nos encontramos con un buen montón de momentos vacíos en los
capítulos. Me duele decir que uno de los personajes que me ha sorprendido ha
sido Merle, a quien habían otorgado un rol que llama la atención, rol que
termina drásticamente cuando en un solo episodio, peor aún, 15 minutos de
episodio, tiene una especie de epifanía en la que decide convertirse en un
kamikaze y morir absurdamente tratando de llevarse por delante al Gobernador a
quien, obviamente, no hace ni un solo rasguño. Lo cual en realidad es de
agradecer, porque así su hermano Daryl estará más calladito y no tendremos por
qué oírle llamar MerlE a todas horas, con ese cambio de voz que le han hecho en
la versión española. En serio, quizás es una tontería, pero me ha matado ese
cambio de voz que lo ha convertido de un palurdo que se ganó nuestros corazones
a un guaperas de los Backstreet Boys.
Otros personajes que no la han
cagado: Carol, por su madurez y su superación personal, y Hershel, voz de la razón
– es como si oyera las súplicas de los espectadores ante las tonterías que
cometen Rick, Andrea, etc. Es que de verdad, ¿los guionistas no se dan cuenta
de las bobadas que le hacen hacer a Andrea? ¡No me puedo creer que alguien sea
tan pánfila como ella! Pasa de ser una chica dura y desconfiada a una cándida
que se queda tan ancha cuando ve que su “novio” (o lo que quiera que sean esos
dos) tiene a su hija zombi atada en una jaula y cabezas de gente guardadas en
formol.
Sus múltiples paseos de Woodbury a la cárcel para traer paz y amor al más puro estilo hippie aburren.
Sus múltiples paseos de Woodbury a la cárcel para traer paz y amor al más puro estilo hippie aburren.
He intentado pasar por alto los 6
o 7 capítulos de relleno total que nos han colado desde la segunda parte de la
temporada, pero no puedo. Eran aburridos, insulsos, no traían nada importante,
ni a nivel revelador para los personajes, ni para que se unieran entre ellos,
ni siquiera servían para rellenar un oso de peluche. Porque el romanticismo de
Glenn y Maggie no enamora, a ver cuándo se dan cuenta.
Los efectos especiales,
maquillaje, etc. están vistosillos, pero siempre lo estuvieron, así que no
puedo darle un aprobado solo por eso. Podrían haber creado algo más tensión,
habernos hecho sufrir de verdad con alguna escena de terror, pero tampoco. Y
eso es una de las cosas que más me fastidian también. Entiendo que la serie no
puede ser 100% zombis, de hecho, me encantan las reacciones humanas, la
supervivencia y todo eso, pero podrían haber rebajado un poco el nivel de tiros
sin sentido y aumentado el de tensión.
Pero lo que más me molesta, por
encima de la falta de tensión que deberían transmitirnos los personajes por eso
de vivir en un mundo zombi, son las muertes sin sentido. Son muertes que no
emocionan, que no están bien aprovechadas. Sobretodo viniendo de personajes que
se suponen son coprotagonistas.
En fin, no quiero extenderme más.
El resumen de esta tercera temporada ha sido eso: Promesas, emoción y por
último decepción. Desbordante decepción, llevada a cabo por un villano que no
ha estado a la altura, muertes absurdas que daban ganas de llorar, pero de
llorar de vergüenza ajena, un líder protagonista que nos ha desesperado hasta
la extenuación, con apariciones espirituales inclusive, y un largo etcétera.
Recemos a Alá, a Buda y a Superman para que la siguiente temporada alce un poco
el vuelo, porque de lo contrario, creo que Michonne no será la única que
reparta katanazos por ahí.
