
Este hecho histórico nos enseña que para cambiar el mundo hace falta la rueda de cabezas. No hay ideales que valgan cuando el ser humano está hambriento y con sed de venganza. Lo peor de todo es que este hecho se repetirá una y otra vez en los siglos venideros cada vez que se desee cambiar el mundo, ya sea para hacer un mundo mejor o para someterlo.